El caldo de pollo es uno de esos platos que simplemente se siente como un abrazo de tu abuela, ¿sabes? Es súper popular en toda América Latina y realmente en todo el mundo, pero cada lugar le da su propio toque especial. En casa, nunca falta porque aparte de ser delicioso, es como nuestro remedio casero para casi todo, especialmente cuando alguien se siente mal o está resfriado.
Bueno, hacer caldo con lo que sea que tengas a mano es algo que la gente ha hecho desde siempre, creo. Pero el caldo de pollo como lo hacemos hoy probablemente viene de una mezcla de todas esas tradiciones, adaptado con lo que tenemos disponible localmente. En Latinoamérica, se ha vuelto un básico en la cocina de casi todos.
No necesitas mucho para un buen caldo de pollo. Obviamente, pollo —yo uso la carcasa, huesos, y a veces algo de carne— y luego lo básico como zanahorias, cebolla, apio y ajo. No olvides las hierbas y especias; cosas como laurel, perejil y pimienta negra le dan un sabor increíble.
Aparte de ser reconfortante, es muy versátil. Puedes tomarlo solo o usarlo como base para otras recetas como sopas más complejas, salsas y hasta arroces. En América Latina, donde hay tanta diversidad culinaria, cada quien le ha puesto su propio giro, agregando ingredientes locales y creando variaciones únicas.
Y bueno, en mi casa, siempre decimos que un buen caldo de pollo puede arreglar casi cualquier mal día. Así que, ya sea que estés enfermo o solo necesites algo reconfortante, un buen caldo de pollo nunca falla. ¿Y sabes qué? Cada vez que lo hago y lo tomo, me siento un poco más cerca de casa, no importa donde esté.
Aqui te dejo mi receta favorita para hacer caldo de pollo
Lava bien todas las verduras y corta como se indica. Limpia la carcasa de pollo de cualquier resto que no deseas en tu caldo.
En una olla grande, coloca la carcasa de pollo, las verduras, el ajo, la hoja de laurel, los granos de pimienta y el ramillete de hierbas.
Llena la olla con agua fría suficiente para cubrir todos los ingredientes por unos centímetros.
Lleva la olla a ebullición y luego reduce el fuego para mantener un hervor suave. Cocina a fuego lento durante 90 minutos, retirando la espuma que se forme en la superficie.
Después de la cocción, retira la olla del fuego. Usa un colador fino para colar el caldo, desechando los sólidos.
Deja enfriar el caldo a temperatura ambiente antes de refrigerarlo. Una vez frío, puedes retirar la capa de grasa que se haya formado en la superficie.
El caldo puede almacenarse en el refrigerador por hasta 5 días o congelarse por hasta 3 meses.
Intensificar los sabores: Para un caldo de pollo más dorado y rico, puedes asar las carcasas y las verduras en el horno a 200°C por unos 30 minutos antes de hervirlas.
Variaciones de verduras: Puedes agregar otros vegetales como puerros, una cabeza de hinojo o algunos hongos para diferentes matices de sabor.
Sin desechos: Usa restos de pollo asado, incluidos huesos y piel, para un caldo aún más sabroso.
Menos grasa: Para un caldo menos graso, refrigera y retira la grasa sólida que se forma en la superficie antes de calentar.